NUESTRO PADRE JESÚS DEL SILENCIO Y EL INICIO DE LA CUARESMA EN CÓRDOBA COFRADIERA

Tras un largo tiempo de espera, hoy Miércoles de Ceniza, comenzamos la Cuaresma. Un periodo de reflexión en el que el mundo católico y cofrade conmemora los pasajes más ejemplarizantes de la vida de Cristo, que culminan en su Pasión y Muerte. Un ciclo enraizado en las costumbres populares andaluzas que ha determinado en gran medida su sentir devocional y su cultura, impulsado por el enorme poder de convicción de nuestras imágenes sagradas y el mensaje que las mismas nos transmiten. Curiosamente, este año la Cuaresma queda precedida por un día de Andalucía en el que se reivindicó la tradición popular de nuestra tierra y la capacidad de la misma de evolucionar y crear puentes sin dejar atrás las señas de identidad que han marcado la Historia de nuestra rica región. Una riqueza, un sentimiento, una tradición, una devoción y una identificación cultural con nuestras celebraciones religioso-populares que hemos querido plasmar en la imagen que va a presidir este periodo en Córdoba Cofradiera: Nuestro Padre Jesús del Silencio recorriendo el puente romano de Córdoba en un Vía Crucis extraordinario celebrado el pasado 19 de noviembre con motivo del 25 aniversario de su llegada a nuestra capital.

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Via Crucis extraordinario de Nuestro Padre Jesús del Silencio. Fotografía: David Rodríguez.

Dadas las características y circunstancias de su llegada a Córdoba, la imagen que nos ocupa aúna todos aquellos valores que conforman el sentir cofrade actual, cuya evolución y preceptos se configuraron en gran parte durante las dos últimas décadas del pasado siglo, en las que el Señor del Silencio fue uno de los grandes protagonistas del ámbito cofradiero cordobés. Encargada por un grupo de jóvenes que aspiraba a conformar una nueva Cofradía en la Parroquia de San Lorenzo de Cadiz, y que posteriormente se trasladaron a la iglesia San Antonio de dicha ciudad, esta imagen cayó en el olvido debido al cambio de párroco y a los impedimentos del obispado gaditano de formar esta u otras cofradías durante la segunda mitad de la década de los 80, cuando este proyecto cofrade se paralizó. Fue a partir de una visita de Fray Ricardo de Córdoba -con motivo de la predicación en la Orden Servita gaditana- cuando comenzó un proceso de acercamiento de la Agrupación de Cofradías de Córdoba con los responsables de la imagen que culminó con el traslado de la misma a Nuestra ciudad el 25 de septiembre de 1991 a la sede de nuestra Agrupación, donde permaneció hasta el 16 de noviembre del mismo año, día en el que fue trasladad a su actual sede canónica. La Parroquia de Jesús Divino Obrero acogió la imagen, que pasó a formar parte como titular de la Cofradía del Amor de nuestra ciudad. Posteriormente, en el año 1992 tuvo lugar la primera salida de Nuestro Padre Jesús del Silencio, una accidentada procesión que vería su fin en el compás de San Francisco; cuando una fractura de la imagen a la altura de los tobillos propició la acogida de la misma por parte de la Hermandad del Huerto, que iba a comenzar su estación de penitencia. Una fecha conmemorada y una ayuda agradecida mediante el afamado azulejo que se ubica en el compás del antiguo convento de San Pedro el Real.

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Nuestro Padre Jesús del Silencio en una de sus primeras estaciones de penitencia durante la década de los años 90.

En relación con la primera estación de penitencia de la imagen y con la instantánea de David Rodriguez que les presentamos hacemos alusión a una fotografía publicada en una de las primeras ediciones de “La Memoria Gráfica” que ofrecimos hace años en nuestro blog. En ella se muestra una de las primeras salidas procesionales de Nuestro Padre Jesús del Silencio, tomada en el momento en que, en pleno Puente Romano, el paso gira ante la imagen de San Rafael. Contemplamos la primigenia estampa que este paso nos regalaba, con su misterio formado tan sólo por tres figuras -el Señor del Silencio y las imágenes secundarias, realizadas por Manuel Téllez- además de la canastilla de rocalla original del siglo XVIII adaptada para este misterio, una joya que tras la remodelación del mismo pasó a la localidad de Lucena. Estampa que enlaza el presente y el pasado de esta imagen a partir del lugar donde han sido tomadas ambas fotografías, así como el pasado y el presente de la estética cofradiera cordobesa, que actualmente queda distinguida por la gran cantidad de proyectos artísticos en los que la rocalla se muestra como el elemento vertebrador de los mismos.

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Imagen de Nuestro Padre Jesús del Silencio. Fotografía: Juan José Camargo.

Nuestro Padre Jesús del Silencio, tallado por Luis Ortega Bru (1916-1982) en 1980, representa una de las mejores realizaciones de un artista único que se encontraba en el ocaso de su vida. Este autor, influido por las vanguardias europeas de comienzos del siglo XX es ejemplo de la capacidad del arte andaluz para innovar sin abandonar los ideales que han marcado su devenir cultural y artístico, conjugando la unción sagrada con una nueva plasmación de la expresión formal contemporánea. Si bien se trata de un escultor cuyas obras quedan delimitadas entre un naturalismo y un expresionismo -que enlaza incluso con las formas abstractas- que se complementan y se sobreponen  así mismos de una forma más acusada en unas obras que en otras, Ortega Bru supo mantener implícito en las mismas su capacidad para sobrecoger al espectador. Es por ello que, siendo la única obra de este escultor en nuestra ciudad, se trata de un ejemplo único y tardío de la producción de un artista capaz de diferenciarse del resto de sus contemporáneos y cuya obra se ha revalorizado con el paso del tiempo. Por tanto, Nuestro Padre Jesús del Silencio es una imagen completamente distinguida en lo formal, en lo conceptual y en lo histórico del resto de cuantas se ubican en nuestra ciudad.

Con todo, damos la bienvenida desde Córdoba Cofradiera a la Cuaresma. Ensalzando mediante esta fotografía de David Rodríguez el sentimiento devocional y el sentido solemne de un Vía Crucis propio de las fechas en las que nos encontramos, así como todos los valores que contiene el lugar y la imagen que se muestran en la misma. Es decir, la valorización de nuestro pasado más ancestral ejemplificado en el puente romano, símbolo de unión y comunicación -en este caso entre Córdoba y Cádiz- que además fue la principal entrada a nuestra ciudad, a la cual llegó la imagen del Señor del Silencio; que en la fotografía se dirige hacia nuestra Santa Iglesia Catedral, centro de nuestro valores cristianos. Valores identitarios que han configurado en gran medida nuestra cultura, arraigada y mantenida por un pueblo que ha sabido capaz aunar en su arte y en sus creencias la novedad con la permanencia de sus ideales más antiguos, simbolizados en Nuestro Padre Jesús del Silencio.

Jesús María Ruiz Carrasco

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